05 de Diciembre, 2018                      

EL PADRE KENTENICH EN DICIEMBRE

  

 

10 de Diciembre de 1939
Primera Coronación de la Mater en el Santuario Original.

En 1938 nace un primer curso de las Hermanas de María que elige como Ideal: Regina Ter Admirabilis. El Padre considera llegado el momento para que la Familia tome conciencia de la realeza de María y que la proclame oficialmente su Reina, ofreciéndole un trono real.

Así se originó la primera coronación oficial, realizada por toda la Familia el 10 de Diciembre de 1939, en Santuario Original. La corona fue un regalo del Instituto de las Hermanas de María. Después del acto realizado, la Familia trató de conquistar siempre más el contenido de este acto. Comenzó a crecer una corriente de vida. Cada Rama fue integrándose a esa corriente. En aquellos años no se acostumbraba aún coronar otras imágenes de la Mater fuera de la del Santuario Original. Por eso, las diferentes Ramas y Comunidades se hicieron presentes por medio de símbolos, a los que consideraban expresión de su coronación.

Reflexión:
Hay un acontecimiento en su vida que (según palabras del mismo padre) contiene en germen toda la Obra de Schoenstatt, sobre todo la Alianza de Amor. Ese mismo acontecimiento contiene a su vez el germen de lo que es coronación. Es la consagración del niño de 9 años. Conocemos el hecho; el mismo Fundador dio a ese acontecimiento un significado decisivo para toda su vida.

 

22 de Diciembre de 1965
Audiencia del Padre Kentenich con S.S. Pablo VI.

El 20 de octubre de 1965 la asamblea plenaria de los cardenales del Santo Oficio tomó la determinación decisiva: las actas del padre Kentenich deben pasar del Santo Oficio a la Congregación de Religiosos sin imponerle a ésta ninguna determinación. El 22 de octubre, el Papa Paulo VI confirmó esta decisión. Así el padre Kentenich estaba libre y podía regresar a su obra.

Ese día se cumplían exactamente catorce años de aquel 22 de octubre de 1951, cuando el padre Kentenich, por orden del visitador apostólico padre Sebastián Tromp tuvo que abandonar Schoenstatt. Así terminó un capítulo apasionante de la historia de la Iglesia reciente.

El 22 de diciembre de 1965 el Papa Paulo VI recibió al fundador de Schoenstatt en una audiencia. El padre Kentenich le agradeció al Santo Padre y le prometió que el Movimiento de Schoenstatt se empeñaría con todas sus fuerzas para que el Concilio tuviera consecuencias fecundas y que de este modo la Iglesia pudiera realizar su misión para el mundo de hoy.

Reflexión:
Dios es un Dios infinitamente misericordioso, y esta “nueva” imagen de Dios la necesita el hombre actual, quien se vivencia tan débil y sobre exigido en tantos campos. A esta experiencia de Dios corresponde también una nueva imagen del hombre: es el hombre que no fracasa por sus límites y miserias, sino que gracias a ellas se abandona tanto más en Dios. También la solidaridad mutua adquiere otra calidad: la nueva imagen de la Iglesia es una comunidad que no fracasa por las debilidades humanas sino que se abre tanto más a la gracia de Dios. Es la comunidad donde la bondad y la misericordia de Dios, le da también a las relaciones mutuas una nueva calidad. (P. Kentenich)

 

24 de Diciembre de 1965
Regreso del Padre Fundador a Schoenstatt.

En la Nochebuena de 1965 cerca de las 18.00 hrs, el Santuario Original en Schoenstatt se convierte en el lugar de una hora histórica: el Padre Kentenich, fundador del Movimiento internacional de Schoenstatt, regresa, después de catorce años, a aquel lugar donde Schoenstatt comenzara.

La mañana del 24 de diciembre, literalmente a último momento, la noticia corrió como reguero de pólvora por todo Schoenstatt, en plena preparación a la Navidad: “¡Vuelve el Padre! ¡Llega hoy! ¡Se ha cumplido el tan anhelado Milagro de la Nochebuena!”. Se dejaron de lado todos los preparativos navideños, se hicieron cadenas telefónicas para dar aviso, y en horas cientos de schoenstattianos estaban al tanto de la gran noticia. Muchas familias recurrieron a abuelos o vecinos, dejándole a cargo sus hijos, y se pusieron en camino rumbo al aeropuerto de Frankfurt o rumbo a Schoenstatt… para esperar al Padre, a quien muchos sólo conocían por fotos y a través del testimonio de otras personas.

Reflexión:

Si miramos a vuelo de pájaro los años pasados, y vemos el resultado de las disposiciones y conducciones divinas, naturalmente se despertarán y profundizarán en nosotros dos actitudes fundamentales: en primer término, la actitud de una inmensa y profunda gratitud. Agradecidos quisiéramos tomar las manos de nuestra querida Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt como expresión visible de las manos de la Santísima Trinidad. También queremos agradecernos mutuamente por la fidelidad con la que llevamos la cruz comunitaria, prometiéndonos permanecer fieles en el amor.(..)

(..)Resumiendo: este año el milagro de la Nochebuena se hizo realidad en un grado nunca alcanzado hasta ahora. Esto garantiza que año tras año será más perfecto, hasta que la Familia viva su prolongación en la Eternidad. Será algo inefablemente profundo y hermosos cuando podamos saborear y gozar eternamente en  nuestro “Schoenstatt celestial”, la nueva imagen del hijo, del Padre y de la comunidad. Cuando se hayan hecho realidad las palabras de San Agustín; “Videbimus et amabimus in fine sine fine(“al final, amaremos y contemplaremos sin fin”).  (Carta de Navidad Padre Kentenich 13 Diciembre 1965)