18 de Septiembre, 2016                      

SEPTIEMBRE MES DE LA PATRIA Y LA VIDA

  

 

El Padre Mariano Irureta, Director Nacional del Movimiento nos envía una carta y nos hace reflexionar: “¿Qué es aquello de lo cual no estamos dispuestos a renunciar, aquello que forma parte de nuestra idiosincrasia más vital, y sin la cual no podríamos reconocer a Chile?”.
El mes de septiembre, es un mes especial para Chile. Es en septiembre cuando el clima comienza a cambiar, como si pudiésemos dejar atrás los sinsabores de marcadas estaciones de invierno.

Es en septiembre, también, cuando comenzamos a evaluar el año, y planificar lo que vendrá hacia futuro e ingresamos a la última parte del año.
El mes de septiembre ha sido siempre prodigo en recuerdos, alegrías y tristezas que, como país, se nos repiten dentro de nuestra memoria histórica. Pero septiembre tiene la gran ventaja de entregarnos una oportunidad para alejarnos de lo cotidiano y la contingencia.
Durante nuestras fiestas nacionales, los chilenos tenemos la posibilidad de preguntarnos por esas cuestiones trascendentes que como sociedad no podemos eludir. En verdad, septiembre es un mes virtuoso que, como una fuerza centrífuga, nos aleja inevitablemente de la frivolidad y nos reconduce a las preguntas más esenciales que queremos responder como Iglesia y sociedad.

Dentro de estas preguntas y sentimientos, cada uno, como hombres y mujeres de Alianza tiene que ser capaz de identificar nuestra esencia como patria. ¿Qué es aquello de lo cual no estamos dispuestos a renunciar, aquello que forma parte de nuestra idiosincrasia más vital, y sin la cual no podríamos reconocer a Chile? Si hay algo que cruza a todos nosotros como miembros de la Iglesia y de esta nación es la preocupación por la vida.
El respeto por la vida y el compromiso con la dignidad de toda persona ha caracterizado a nuestro país. Desde hace muchos años, y décadas, la Iglesia ha venido batallando por el valor de la vida, sea que se encuentre en gestación o esté en una situación terminal, por el respeto de los más indefensos, por el convencimiento que hay valores vinculados a la dignidad de la persona humana que van más allá de simples creencias o ideologías.

Es por ello que nos duele que se legisle sobre el aborto y se abra una posibilidad de acabar con la vida de los más indefensos.
Como hombres y mujeres, familias, desde nuestros Santuarios, dar testimonio y trabajar arduamente, en el lugar que estemos, por la vida en su sentido más amplio. El valor de la vida pertenece al alma de Chile, que está formada por nuestras creencias cristianas más básicas, nuestros sentimientos más nobles, nuestras motivaciones más esenciales.

Un anhelo que debiéramos mantener en un mes 2 como éste, es nuestra capacidad para preguntarnos una y otras vez cómo encarnar el alma de Chile, cómo vivirla con mayor intensidad. La única manera de lograrlo, es no olvidando aquellas raíces cristianas que nos identifica como patria, Esa es la única manera de avanzar hacia una sociedad que perciba el sentido y trascendencia de la vida y de las cosas.

En este mes, y en este Año de la Misericordia, tampoco olvidemos a aquellos que se sienten alejados del alma nacional, o que incluso se sienten como exiliados o marginados dentro de nuestra misma patria. A todos ellos les debemos un mensaje de esperanza, unidad y cercanía. Uno de esos signos de identidad y pertenencia se refleja, sin lugar a dudas, en nuestra capacidad de vivir comunitariamente y solidariamente la realidad.

Nuestro Padre y Fundador, del cual celebramos su pascua el 15 de septiembre, nos enseñó a amar y rezar por nuestra patria. Él tenía la profunda convicción que una patria sólo crecerá en el bien común si está unida a Cristo y María.

Por eso nos legó esta hermosa oración en el “Hacia el Padre” y que se reza en muchos Santuarios: “Madre, con tu Hijo Divino desciende a los caminos de nuestra patria para que, siguiendo vuestras huellas, encuentre la paz verdadera y estable. Patria, sólo tendrás salvación si, en amor, te unes a María y a su Hijo.(HP, 628)

El domingo 25 de septiembre está consagrado a la Virgen del Carme, Madre y Reina de Chile, para orar especialmente por nuestra patria. Sumémonos, desde nuestros Santuarios a esta corriente de oración. En este Año de la Misericordia, tenemos que trabajar y comprometernos, desde nuestros Santuarios y en la fuerza de nuestra Alianza de Amor, para que en medio de la situación que vivimos, nuestro país se una más a la Santísima Virgen y a Cristo, el Señor. Sólo así nuestra patria encontrará la auténtica paz. Esa era la fe que nos heredó nuestro Padre.

P. Mariano Irureta Director Nacional del Movimiento, 18 de septiembre de 2016