01 de Febrero, 2017                    

HERMANA M. EMILIE ENGEL, TESTIMONIO DE UNA AUTÉNTICA PERSONALIDAD CRISTIANA.

     

 

Quien fue esta mujer, que en su vida tuvo una sabia y extraordinaria respuesta al llamado de Dios?

Una mujer, que para muchos su nombre es sinónimo de “Ángel” y quien experimentó la cercanía de Dios. Una mujer, cuya gran parte de su vida padeció enfermedad, limites y debilidad, y quien es conocida alrededor de todo el mundo.
Su vida entrega un testimonio de un camino que conduce a una vida plena y feliz. Aun con  muchos problemas interiores y exteriores, Emilie Engel se transformó para ejemplo de muchos, en una auténtica personalidad cristiana.

Emilie Engel fue la cuarta hija en una familia de doce hijos. Nació el 06 de febrero de 1893 en Husten, Alemania. Su infancia transcurrió en una granja, en el seno de una familia religiosa. La casa paterna le ofreció las mejores condiciones para que su naturaleza, algo cerrada y silenciosa, se encontrara allí totalmente cobijada.

Los padres de Emilie le regalaron muchas valiosas predisposiciones: una profunda actitud religiosa, la apertura al mundo espiritual, la inocencia y la resolución de carácter. No obstante, Emilie tenía a menudo una gran angustia. El miedo de ofender a Dios era una sombra que se proyectaba sobre su mundo interior. A esto contribuyó, sin duda, la enseñanza religiosa de la época que, a menudo, presentaba una imagen muy severa de Dios. Esta imagen suscitó en la niña ciertas coacciones y falta de libertad interior. Se sabe que, por ejemplo, cuando tenía sólo cuatro años, se la encontró llorando amargamente porque tenía miedo del infierno.

Emilie estudió para ser maestra y se recibió en 1914. De todo corazón se dedicó a la docencia. Con especial cariño acogió a los niños de condición humilde.

Schoenstatt en su vida

En 1921 Emilie participó por primera vez en una jornada en Schoenstatt y, en 1925, selló su Alianza de Amor con la Santísima Virgen. Quería ser un instrumento en sus manos para la construcción de su reino. Esta idea la captaba por entero. Por eso decidió abandonar su profesión docente y la seguridad económica para dedicarse por entero a Schoenstatt y ponerse a disposición del Padre Kentenich para la fundación de la comunidad de las Hermanas de María. El 1º de octubre de 1926, día en que se mudó a Schoenstatt, se convirtió en la fecha de fundación de la nueva comunidad. Fue maestra de novicias y de terciados y, en 1946, el Padre Kentenich la nombró Superiora Provincial. Durante más de veinte años fue miembro de la dirección general de las Hermanas de María.

En 1935 enfermó de tuberculosis, lo que la hizo permanecer varios años en diferentes sanatorios y hospitales y ser sometida a dolorosas operaciones. Pero incluso en medio de una progresiva parálisis, regaló todas sus fuerzas a la comunidad. Se volvió tan dependiente como un niño, pero aun así, siempre estuvo dispuesta a atender a todos los que acudían a ella en busca de sus sabios consejos y, cuanto más sufrimientos padecía, tanta más jovialidad, alegría y consuelo regalaba a los demás.

“La vida es tan corta. En nuestro pensar y sentir, en nuestro hacer y dejar de hacer, hay aún muchas, muchas imperfecciones terrenales. Les hablo por propia experiencia. Y ya que no nos queda tanto más tiempo, queremos esforzarnos cada vez más seriamente en viajar en el ‘tren de la filialidad’. A mí me encontrarán en el vagón Providencia.  Sí Padre, Sí Madre, es el lema. Pero ser hija significa dejarse educar por el Padre y la Madre”. Hna.M.Emilie Engel

 

Confiada en las manos de María en el Santuario

 

Un sufrimiento mayor aún que el dolor corporal debió haber significado para ella su angustia interior que amenazaba con paralizar sus capacidades, su fuerza de amor, su vida entera. Pero su encuentro con Schoenstatt supuso para la Hna. M. Emilie un lento y, a la vez, decisivo cambio de vida. La entrega incondicional a la Santísima Virgen –a quien en su vida en la tierra tampoco le faltaron angustias y temores–, la certeza de saberse amada, conducida y formada por Ella, curó radicalmente su angustia.

 

 

 

 

Conducida por el Padre Kentenich

La Santísima Virgen se valió del Padre Kentenich para rescatar a la Hna. M. Emilie de sus grandes aflicciones interiores. Él fue quien, según el plan de Dios, debía abrirle la puerta para que pudiese salir de la cárcel de la angustia; él le mostró la imagen de Dios Padre misericordioso, de quien era un especial reflejo. Él la condujo a un profundo cobijamiento en la Alianza de Amor con María y le reveló la realidad de la sabia y bondadosa Providencia de Dios en su vida.

Bajo su conducción, la Hna. M. Emilie aprendió a entregarse con confianza a esa Providencia, de modo que al final de su vida, el Padre Kentenich pudo decir de ella: “La Hna. M. Emilie es una hija de la Divina Providencia de pies a cabeza”.

En ella se confirmó lo que el mismo Padre Kentenich enseñara: “Una profunda fe en la Providencia es el medio privilegiado contra la angustia; la carencia de fe en la Providencia es la gran enfermedad del tiempo actual.”

 

Su legado, testimonio de una vida feliz y fecunda

La Hna. M. Emilie se dejó guiar en cada paso por la conducción de Dios. Vivió en continuo diálogo con Él, quien se le manifestaba en cada momento, tanto en las personas, como en las cosas y en los acontecimientos. En cada situación le respondió un “sí, Padre” lleno de confianza y amor.

En el testamento que la Hna. M. Emilie redactó poco antes de su muerte, que ocurrió el 20 de noviembre de 1955, prorrumpe en una alabanza a Aquel a quien se ha ofrecido como sacrificio:

“Alabada sea la Divina Providencia en mi vida. ¡Glorificadas sean la misericordia de Dios y de la Madre de Dios! Por toda la eternidad quiero cantar un himno de alabanza ensalzando el amor misericordioso del Padre y de la Madre, y ser un sacrificio de alabanza a la misericordia.”

El Padre Kentenich dirá más tarde, que su vida es un testimonio del amor misericordioso y paternal de Dios, y una prueba de que la espiritualidad de Schoenstatt sirve para educar personalidades libres y filiales. La hermana Emilie nos muestra hoy en día un ideal de santidad que enfrenta limitaciones, debilidades y fracasos; pero no como obstáculos, sino como puntos de partida para una vida plena y fecunda guiada por la Divina Providencia; y la experiencia del amor infinitamente misericordioso y paternal de Dios.

 

 

 

En mayo del 2012 Benedicto XVI acepta y hace público en Roma el decreto de reconocimiento de las virtudes heroica de la Hermana Emilie. Con este importante paso ella es declarada "Venerable".