24 de Agosto, 2018                      

24 DE AGOSTO 1909: EL PADRE KENTENICH ES ADMITIDO A LA PROFESIÓN PERPETUA

 

 

El Padre José Kentenich sería ordenado sacerdote el 8 de  julio de 1910; pero no sin atravesar varias contingencias que le influirían hondamente. Para admitirle a la segunda profesión, en 1907, pasó dificultades a causa de su salud, pero se resolvieron las cosas y pudo renovar la profesión por un año más. Lo mismo hubo de hacer el 24 de agosto de 1908, y por tercera vez emitió las promesas temporales.

Paralelamente a las promesas que le incorporaban a la Congregación de los Palotinos, fue  recibiendo las órdenes que le introducían en las filas del clero, como la tonsura, las cuatro órdenes menores: ostiario, exorcista, lector y acólito. Según la legislación eclesiástica, no se podía acceder al subdiaconado, hasta ser recibido definitivamente en la Congregación de los Palotinos, mediante la profesión perpetua.

Y entonces ocurrió que, aunque los superiores de la Casa de Limburgo no habían puesto objeciones de ninguna clase, le fue denegada al Hno. Kentenich la admisión a la profesión perpetua, en el Capítulo Provincial del 29 de julio de 1909, faltando así la condición necesaria para recibir las órdenes mayores.
El padre Kolb nos relata: “El Hno. Kentenich había hecho la 1a; 2ª y 3a profesión, y en 1909, le tocaba acceder a la profesión perpetua. Yo era rector y no tenía objeción alguna de mi parte, como tampoco lo había oído de nadie. Pero en la Sesión del Consejo Provincial salieron a relucir serios reparos contra él. Y yo no pude deshacerlos.

Llegó la votación y tres votaron en contra y dos a favor, quedó así decidida su “no admisión a la profesión perpetua y su despedida.” Al día siguiente mandé llamar al Hno. Kentenich y le pregunté si se había enterado del resultado de las deliberaciones, me respondió “sí”.... ¿qué dice Ud de eso?....“que es voluntad de Dios.”...¿qué piensa hacer ahora? ... “preparar mi examen de Bachiller”.   Allí lo tenía yo, macilento, pálido, enfermo, pero “entero a pesar de todo”. A mí se me saltaron las lágrimas y le despedí, aconsejándole que no diera ningún paso y reflexionara, cómo podía arreglar el asunto.”

El Padre Kolb se percató que tenía poco tiempo para obrar. Para proceder con la máxima seguridad él se puso a hablar con un colega antes de la sesión del Capítulo Provincial del 24 de agosto de 1909.

Se sometió de nuevo a votación la admisión del Hno. Kentenich a la profesión perpetua, el resultado esta vez fue favorable por tres votos, contra dos. De esta manera el Hno. Kentenich pudo hacer la profesión perpetua el 24 de setiembre de 1909 y ya no había obstáculo alguno para que recibiera las órdenes sagradas mayores y fuera ordenado sacerdote el 8 de julio de 1910.

El P. Kentenich celebró su primera misa solemne el 10 de julio de 1910 en la capilla de la casa misión de Limburgo.
Después de los múltiples y graves obstáculos que tuvo que pasar hasta ese día y teniendo en cuenta que casi se le cerró el camino -el último día para el cumplimiento de su vocación, se comprende sin dificultad que él considera “la ordenación sacerdotal y los poderes sacerdotales como pura gracia sin mérito alguno por su parte, como una elección y un don absolutamente gratuitos”.

En su estampa recordatoria de su Primera Misa, podemos leer en la parte superior la oración: “Haz Dios mío que todas las mentes se unan en la verdad y todos los corazones en el amor.” Y en la margen inferior: “Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío”...”Dulce Corazón de María, sé la salvación mía.”

Después de su primera misa, el Padre Kentenich, comenta con un amigo de los tiempos de Gymnch, hasta qué punto concebía su Ordenación Sacerdotal como un paso a ser “propiedad de Dios y como entrega exclusiva a su servicio y a la salvación de las almas: "no pretendo ser en el futuro mas que un instrumento en las manos de dios para la realización de sus designios de salvación".

Como hijos de este padre admirable, que el Buen Dios y nuestra querida MTA nos regalaron, esforcémonos en ser esos hijos predilectos y juntos, con nuestro testimonio de vida, procurar su pronta beatificación.