tumba mario hiriart

Santiago de Chile, más de cinco millones de habitantes, un tercio de toda la población nacional concentrada en un espacio relativo; desde lo alto del cerro capitalino la monumental Virgen observa las congestionadas calles de la urbe.

En este incontenible pulsar de la gran ciudad nace en 1931 Mario Hiriart. Sus padres no presentan una fe católica viva y fuerte. Los primeros 14 años viven en las cercanías del centro cívico de la ciudad junto a los abuelos. Hoy esas casas, en las que vivió su infancia este futuro y moderno Santo, se encuentran en estado ruinoso y son además un burdel. La gran ciudad olvida pronto y sigue su camino sin mirar atrás !.

En el cercano colegio, el flemático y tranquilo Mario encuentra pronto amigos. Como ratón de biblioteca y persona ordenada integra siempre el grupo de los mejores de su curso. Se perfila una vida normal y más o menos exitosa.


Los planes de Dios para con este avispado jovencito son otros - no será una vida desapercibida y común. Antes de que él tome conciencia de ello, la Mater lo coge para educarlo.

Con 16 años él conoce el Movimiento de Schoenstatt. Comienza a escribir diarios de vida y a explorar en su vida interior. En la Universidad Católica fundan un grupo de estudiantes, forjan ideales y planes futuros de contribuir en su condición de ingeniero en la renovación y modernización cristiana de su país. Con determinación todos los miembros del grupo se disponen a entregarlo todo para la renovación de la sociedad, suceda lo que suceda.

Algo retirado de Santiago se reúnen estos jóvenes en torno a una pequeña capillita de la Virgen, el Santuario de Schoenstatt de Bellavista. Con la ayuda de un Padre desarrollan una espiritualidad a prueba de la contingencia diaria de la gran ciudad, la que debe ser mariana y especialmente orientada hacia el varón, en unión y en alianza.

 


Desde su concepción y su vida recorrida fundada en su Fe de la Divina Providencia tiende él a ser Hermano de María.

Como ingeniero desea poner su vida íntegramente al servicio del Movimiento de Schoenstatt, como laico vivir célibe en una comunidad de varones un estilo de vívida austeridad, entregar su libre voluntad a la voluntad de Dios, trabajar en pos de una cristiana renovación de las sociedades ! Pero sus sentimientos tienden hacia el matrimonio, la cercanía y el calor tierno, vivir íntegramente todas las facetas del amor, esforzarse seriamente por una acertada vida matrimonial y familiar cristiana !

La lucha se intensifica. En 1955 él siente : debo dar el salto! Ambas son atractivas. Cualquiera sea mi determinación, la situación exige un salto mortal de confianza. Sin ver y como torbellino, con los brazos extendidos en la esperanza que las poderosas manos de Dios lo cojan firmemente.

 

Salto mortal hacia los brazos del Padre
En su cama, tras largas horas de insomnio Mario toma en la noche del 09 al 10 de mayo de 1955 una determinación similar a un salto mortal, hacerse Hermano de María.
Nuevas sorpresas y sobresaltos no escasean. A su madre le diagnostican cáncer al pulmón. Ni su padre ni su hermano mayor desarrollan la fuerza para atender a la madre enferma. Así Mario se encuentra confrontado, como joven ingeniero de 25 años a cumplir en su quehacer profesional, cuidar de su madre, proveerla de las necesarias botellas de oxígeno, mantener el contacto con los médicos y apoyar psíquicamente al padre. Una alegría desbordante constituye para él cuando su madre accede a recibir los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía. 24 años había cargado una culpa por lo que había dejado de acercarse a recibir los sacramentos. Liberada de dicho peso, con el alma aliviada fallece a comienzos de agosto de 1956.

En este tiempo Mario participa de un grupo de diez jóvenes que se interesan por los Hermanos de María. Existen fuertes diferencias de opinión al interior del grupo respecto de cómo debe ser el estilo de vida a llevar. El Padre que guía al grupo no tiene ideas claras en relación a un Instituto Secular Masculino. Cuando surge la posibilidad de participar de una formación para Hermanos de María en Brasil, sólo uno toma su mochila, Mario! El ingresa en la etapa de fundación de la comunidad. Como único sudamericano convive tan sólo con alemanes. Diferencias de mentalidad y problemas de comunicación marcan esta primera etapa. Poco a poco se va incorporando y aprende a valorar y amar a su "nueva familia".

A comienzos de 1960 regresa a Chile. Deberá dar otro gran salto! Tiene la posibilidad de tomar un trabajo bien remunerado y de prestigio, es decir, con horarios de trabajo fijos, ciertas comodidades y muchos beneficios más. Pero Mario opta por el cargo de docencia en la Universidad, es decir, muy inferior sueldo, poco reconocimiento, un horario de trabajo absorbente etc. El desea como docente de estilo cristiano apoyar técnica y humanamente a los estudiantes .
Gracias a estos innumerables saltos de confianza en situaciones difíciles, Mario posee algo que regala a las personas de su entorno. El es uno de los que encuentra cobijo en las paternales manos de Dios, que descansa en sí mismo, irradia profunda paz y con ello puede servir desinteresadamente al prójimo.

En muchas oportunidades Mario ofrece su vida a la Virgen por la materialización de sus planes respecto del Movimiento de Schoenstatt. En 1964 su oferta es tomada en serio. En el trayecto entre Chile y Schoenstatt, Alemania, pasa por Estados Unidos, donde visita al Padre
Kentenich, un médico le diagnostica cáncer al estómago. Tras unos encuentros con el Fundador debe ser internado en un hospital para ser sometido a tratamiento. Mario de 33 años, colmado de deseos de vivir y afán de actividad debe una última vez soltarlo todo y saltar a los brazos de la Virgen y del Padre. Sin alcanzar Alemania, con paz en el corazón y una sonrisa en sus labios, expresión de su felicidad interior, fallece el 15.07.1964 en el hospital de Milwaukee.

Más tarde el Padre Fundador diría sobre él “ese es el tipo de hombre que queremos encarnar”. Un año después sus restos son llevados de regreso a Chile, donde fueron sepultados detrás del Santuario de Bellavista. En 1994 fue iniciada la causa para su beatificación, y el 21 de abril de 1995 la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos en Roma lo reconoce como Siervo de Dios.

 

Uno de los últimos audios de Mario Hiriart