coronacion mater 05 de junio de 1949
Coronación del 05 de Junio de 1949


El 5 de junio de 1949 el PK procede a la coronación de la Santísima Virgen en el santuario de bellavista, donde le pide a la Mater que sea nuestra educadora para conducirnos a Cristo.

En hora de recogimiento y silencio estoy de rodillas ante la imagen de la Madre  y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt y me abismo en los grandiosos y poderosos planes que Tú tienes en el Universo.

El mundo de hoy está enfermo. Parece que nos acercamos a su fin y por eso surge la pregunta ¿cuál es el sentido de estos grandes sucesos mundiales? ¿Qué habrá de suceder?

Permítenos dirigir una mirada a tus planes universales, Tu nos introdujiste en ellos, nos revelaste el gran misterio mariano de Schoenstatt según el cual la Madre de Dios, la Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt, ha de desempeñar una triple tarea.

Ella dio la vida a Cristo histórico, fue una tarea única y su tarea permanente es darle vida al Cristo Místico.

Y en Schoenstatt tiene además la tarea de ser la gran educadora de los pueblos para conducirlos a Cristo. Oh Dios, Tu nos llamaste a este lugar. Queremos y hemos de preparar a la Madre de Dios un hogar, una escuela de educación y Ella se estableció aquí. El pequeño acto de hoy ha de ser una solemne declaración de que en adelante, la elegiremos más que hasta ahora, como Reina del Reino Schoenstattiano y la Educadora del pueblo chileno.

Amada Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt, a nombre de nuestra pequeña Familia de Schoenstatt te ofrezco una corona. Lo hago a nombre de todos aquellos que un día encontrarán el camino hasta este santuario y que en cualquier forma acepten con verdadero amor la palabra Schoenstatt. Como Educadora de las naciones, como Reina del pueblo chileno, eres la que tomas en tus manos la educación de cada uno de toda la sociedad. Al recibir la corona garantizas que se realizará el triple mensaje de Schoenstatt el que has puesto hoy en nuestras débiles manos. Acepta por eso nuestra corona.

Escucha también nuestra promesa; te queremos ayudar. Tenemos una sola misión en nuestras vidas: Tú y tu gran reino Schoenstattiano. Cuanto más débiles nos sintamos en toda situación; necesidades materiales, desvalimiento espiritual, luchas, tanto más tranquilos queremos estar permanentemente. Recordamos únicamente: Tu aceptas la corona y Tu eres la que reinas como Soberana en el reino de las almas, de las casas filiales y de la Provincia, en el reino de los Peregrinos y de la Liga Apostólica, y en el reino de todas las ramas que Tú quieras incorporar. Así te pedimos con todo el fervor de nuestras almas: acepta la corona.

Hazte cargo de la responsabilidad que implica la aceptación de la corona y ayúdanos para que nunca olvidemos nuestro deber de poner a tu disposición todas nuestra fuerza, pero siempre en perfecta dependencia de tu bondad, de tu sabiduría y de tu poder. Junto con nosotros imploraste esta mañana al Espíritu Santo.

Haz de nuestro Santuario: de manera especial tu Cenáculo. Cuida que el Espíritu Santo descienda sobre todos aquellos que pisen esta tierra y que reconozcan con fe que Tu eres la Reina. Vela para que este lugarcito se haga de manera perfecta un segundo Cenáculo, en el cual el Espíritu Santo se despliegue con su triple fuerza: como Espíritu Creador, como Espíritu Transformador y como Espíritu Consumador.

Madre, has que este acto sencillo se grabe profundamente en nuestros corazones. Haz que todas y cada una de nosotros sea alma del Movimiento de renovación. Un alma no puede existir sin cuerpo. Este cuerpo lo hemos de crear primero, es decir, Tú lo has de crear primero, pero no sin nosotros. Acepta pues la corona y si Tú después también nos quieres regalar una corona, que ese signo nos recuerde siempre que hemos tomado sobre nosotros la responsabilidad y que, en total dependencia tuya, nos arriesgamos valientemente en todas las luchas que Dios Uno y Trino haya previsto para nosotros. Amén.

Luego el P K Comentaría este suceso:
“…Pentecostés, el 5 de junio de 1949, es decir, apenas unos días después del solemne acto del 31 de Mayo, coronamos a la Santísima Virgen en el santuario filial de Chile.
Lo hicimos, para poner simbólicamente bajo su amparo la difícil lucha que nos esperaba en el ámbito público eclesial. Este tipo de coronaciones siempre equivale para nosotros a una renovación de nuestra alianza de amor original. Por la coronación nos reconocemos totalmente dependientes de nuestra Compañera en la alianza. Como lo expresa la oración de consagración, le entregamos a ella la última responsabilidad y, conscientes de ser instrumentos, conscientes de nuestra misión, con valentía y tranquilidad, seguros de la victoria, continuamos nuestro camino. Así lo hicimos en tiempos de la persecución nazi" y salimos bien del paso.

Así lo hicimos también desde el 31 de Mayo y el 5 de junio de 1949. Con esto adquiere un nuevo contenido y un mayor significado para nosotros el “¡Mater perfectam habebit curam!”

Nuestra arma principal consiste en destacar en toda su luminosidad la persona de la Santísima Virgen, manifestando así al mundo sus magnificencias. Lo hacemos en el sentido de la consagración o coronación, para moverla a que se muestre y se glorifique en la Familia convirtiéndola en especial testigo de su poder, de su bondad y de su sabiduría. De ahí que nuestra oración predilecta sea: ¡Clarifica te! ¡Clarifica te! Si se nos roba el honor, le damos a ella el honor, convencidos de que ella tomará en sus manos la tarea de salvar nuestro propio honor. Así se realizan las palabras de Pallotti: «Ella es la gran Misionera -nosotros podríamos agregar: nuestra gran defensora- ella hará milagros.»

Envío
Ella como Madre y Reina nos ayuda a enfrentar todos los “Goliat” que nos acechan, el Goliat de nuestra cobardía a trabajar por nuestros sueños, el activismo, el stress, la comodidad, el desencanto, las desilusiones, etc…
¿Por qué coronamos? La Madre de Dios aceptó la corona, todo es un dar y recibir. Primeramente queríamos expresar nuestra fe en que Ella ha asumido la responsabilidad sobre nuestra Familia en las situaciones más difíciles, pero también la confianza inderrocable en que Ella haría efectiva su responsabilidad” (P. Kentenich 22 de mayo de 1966). Una persona que tiene a María como Reina posee una conciencia de Victoriosidad; de optimismo porque sabe que no está sola, que tiene como aliada a una Reina poderosa.